Carta de un niño desalojado

Carta a mis compañeros de escuela, maestras, maestros, mamás y papás.

 

Quiero contarte algo que me pasó, algo que espero nunca te pase a vos, el viernes 24 de Octubre, el viernes de la semana pasada a las 6 de la mañana en la casa donde vivía, hubo como una especie de guerra. Una como se ve en la televisión, pero era de verdad y nos pasaba a nosotros, a todos los que vivíamos allí.

Muchísimos policías más de los que pude contar, arrancaron la puerta con un camión, tiraron con balas de goma contra todo el mundo y llenaron la casa de gases lacrimógenos. Alguna vez, a lo mejor cuando fuiste a la cancha, ¿respiraste estos gases? Pensás que te morís, en la calle no se puede estar, imaginate en un lugar cerrado. Después nos sacaron a los golpes y empujones.

En esa casa hay muchas piezas y allí 30 familias como la mía alquilábamos, porque la plata a mis papas no les alcanza para otro lugar.

Sabes tengo muchos amigos en la casa, a veces nos peleamos es cierto y cuando uno vive así medio apretados, siempre hay peleas. A veces mi vieja puteaba, perdón por la palabra, es que esperar el turno para cocinar o ir al baño siempre provoca problemas.

Sabes somos pobres pero todos trabajan en lo que pueden, algunos hacen changas, otros son vendedores ambulantes, mozos, domésticas y otras cosas, pero a mi siempre me enseñaron que hay que trabajar y nosotros los más chicos estudiar.

Por eso no entiendo bien lo que pasó, o mejor si entiendo, aunque sería mejor no entender. Los pobres parece que sobramos y como dicen los compañeros del movimiento, parece que nos quieren echar de esta ciudad.

Sabes, cuando paso delante de una casa linda pienso que algún día voy a vivir en una casa así, y te voy a invitar a jugar a mi casa, porque allá en Acuña mucho no podía invitar. Pero por ahora no puedo porque aunque en Acuña estábamos apretados, ahora no tengo casa, si no es broma no tengo casa.

En el CIBA que es un lugar donde se junta toda gente como nosotros nos dieron un lugar. Por ahora dormimos en una sala grande donde se hacen las reuniones y cuando todos se van, a lo mejor jugamos un ratito a la pelota con mi hermano hasta que mamá se enoja porque ahí no se puede jugar.

Desde el viernes mamá llora mucho y a papá no lo puedo mirar a la cara porque mira para otro lado.

Yo no se si entiendo bien que pasa, a veces creo que si. ¿Será así no más, como decían en las reuniones que se hacían en ahí en Acuña, que esta es una ciudad para los ricos? ¿Estará bien que una jueza? -que raro es una mujer- yo siempre pensé que las mamás entendían más cuando uno sufre. Digo ¿Estará bien que la jueza que estaba ahí en la puerta les dijera a los policías que tiraran gases contra chicos chiquitos? Para devolverle la casa al Señor que nos alquiló muchos años y que ya no quería alquilarnos más.

Porque parece que este señor que tiene mucha plata y que no vive en una casa con 30 piezas y 30 familias, que no tiene que hacer cola para ir al baño, quiere venderla o ya la vendió. Porque parece que necesitaba más plata y no podía esperar ni a que terminaran las clases. Porque te cuento que le llevamos una carta a la jueza, pidiéndole que nos deje terminar las clases, que espere hasta diciembre pero parece que no se podía.

Y por eso nos sacaron así, espero que nunca, nunca te pase a vos. El otro día todos los papás y las mamás hicieron una reunión ahí en el CIBA y se pusieron de acuerdo o mejor dicho nos pusimos de acuerdo, porque yo también estaba y también estoy de acuerdo, que el viernes cuando se cumpla una semana que nos sacaron, vayamos todos y hagamos un acto como dicen los compañeros del CIBA, para que nunca, nunca más le pase esto a otro chico acá en la ciudad, ni en ningún lado.

Los chicos de Francisco Acuña de Figueroa 1277

Esta carta fue redactada con la ayuda de un adulto en base a las conversaciones sostenidas y los testimonios recogidos ese día y los siguientes, de los habitantes de la casa, fundamentalmente de los más chicos.

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